¿Cómo me hace sentir la cuarentena?

Definitivamente ha dado vuelta a mi perspectiva.

Hablándo en terminos de especie, más especificamente de sociedad y economía es evidente que toda esta situación supone un gran cambio. Me cuesta mucho hacer juicios de valor al respecto, porque afirmar que tiene un impacto negativo o positivo depende del criterio con el que se mire.

A primera vista, o desde nuestra perspectiva como humanos podría parecernos que de bueno no tiene nada, una pandemia amenaza contra la salud pública y como consecuencia se implementan medidas que limitan nuestra interacción o al menos la manera en la que estábamos acostumbrados a negociar, socializar, aprender, relacionarnos, alimentarnos y entretenernos; sin mencionar la incertidumbre del tiempo que estas medidas podrían tomar y la angustia que eso nos produce.

Por otra parte si ampliamos un poco el rango de visión se han observado ya algunos beneficios para ecosistemas a partir de esta retracción de la actividad humana. Sin contar que ha sido este mismo ritmo y avidez por expansión lo que nos ha llevado a trasgradir y modificar la naturaleza de nuestro etorno, lo cual ha abierto la puerta a enfermedades que originalmente eran exclusivas de algunas especies y por cuya amenaza hoy nos victimizamos.

Esta cadena de consecuencias en particular me hace reflexionar sobre nuestro comportamiento como especie ¿A dónde realmente queremos llegar? y ¿Vale la pena pasar por encima de muchas otras cosas para lograr… Qué?

Sé que pensar como especie nos cuesta un montón, nos sentimos minúsculos entre las masas y se difunde nuestra responsabilidad en un acogedor argumento de inferioridad. Parece imposible que vayamos a cambiar el mundo con nuestras pequeñas acciones, pero la verdad es que ya lo cambiamos y parece que no nos hemos dado cuenta de la influencia que tenemos entre nosotros mismos cuando llega el momento de tomar deciciones que comprometan nuestra comodidad.

Aún así, si nos abruma ponernos en los zapatos del mundo, esta analogía nos sirve para poner el ojo sobre nuestro propio repertorio de rutinas y cómo éstas nos han afectado a lo largo de nuestra vida sin siquiera darnos cuenta. Hacer una pausa de nuestro comportamiento habitual nos da un tiempo que bien podemos usar de la manera que nos plazca, por ejemplo para descansar y recuperar una cuota de energía, para entretenernos, para expandirnos intelectualmente, entre otras cosas. Pero también nos da la posibilidad de valorar lo que es realmente prioritario para cada uno y replantearnos si de verdad estabamos haciendo un espacio en nuestras vidas para ello.

¿De verdad es tan catastrófico cultivar nuestra intimidad? Ahondar en nuestras emociones, experimentar la soledad, valorar la compañía, establecer rituales de limpieza, cuidar con rigurosidad de nuestro cuerpo, respetar el espacio personal de los otros, agradecer nuestra salud, empezar de cero. Son estas y más las oportunidades que estos tiempos nos han forzado a aprovechar.

Este ha sido un recordatorio de que el mundo no nos pertenece, y que no hay garantía de que vayamos a tener algo para toda la vida, que por el contrario somos muy afortunados por lo que sí conservamos como nuestras habilidades y herramientas para seguir o incluso volver a empezar. Nuestro cuerpo y nuestro ingenio son todo lo que necesitamos para construir el resto y es grandioso que hoy podeamos contar con ellos. Sólo es cuestión de decidir qué deseas construir.

Ahora, ¿Cómo te hace sentir la cuarentena?

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Thalia Gómez

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